La necesidad de un pozo de agua para regar predios

Cada año son más los proyectos que postulan a la Ley de Riego y a  diferentes fondos de organismos como Indap y Conadi, todo para hacer  crecer el riego tanto a nivel de la agricultura empresarial como de la  pequeña agricultura campesina.

En este contexto, el riego de  predios con aguas subterráneas se ha transformado en una herramienta  estratégica en la agricultura chilena, sobre todo pensando en la  creciente sequía que afecta a la mayor parte del país. 

 

Ventajas de regar con aguas subterráneas

 

El riego de predios con agua superficial presenta limitaciones derivadas  de los derechos de aprovechamiento. Por ejemplo, existen cauces de aguas superficiales que tienen todos los derechos ya asignados, volviendo  prácticamente imposible acceder a estas aguas para regar predios.

Las aguas subterráneas, por su parte, presentan derechos que aún no están  tan restringidos en comparación con las aguas superficiales. Eso sí,  cabe indicar que una solicitud de aguas subterráneas demora, en  promedio, alrededor de un año en ser tramitada.

Otro aspecto que  vuelve clave a los pozos de agua para el riego agrícola es la seguridad  de abastecimiento, punto que cobra vital importancia considerando las  condiciones de sequía que atraviesa el país. 

La mejor calidad del agua es otro punto a favor para optar por un pozo para regar los  predios. Por ejemplo, en el caso de los frutales de exportación, es una  condición certificar la calidad del agua. Y las aguas de origen  superficial se ven sometidas a variaciones en su contenido químico y  biológico, lo que vuelve difícil cualquier tipo de certificación  exigida. Las aguas subterráneas, a diferencia de las superficiales, son  constantes en su composición y calidad, lo cual es muy útil a la hora de acceder a certificaciones tanto nacionales como internacionales. 

Eso sí, cabe destacar las aguas de pozo para el regadío mantendrán siempre  sus características inocuas y su calidad si éstas no son conducidas por  sistemas superficiales y abiertos. Por ejemplo, muchos agricultores  riegan con aguas de pozo, pero cuando el sistema es a través de surco,  la calidad se va perdiendo en el trayecto debido al contacto del vital  elemento con el suelo, situación que no ocurre cuando el sistema de  riego es por goteo.