Características que debe tener un pozo para el riego

La lluvia es el principal suministro de agua para los cultivos, pero  es indispensable que cada predio cuente con un pozo de riego  suplementario que provea del agua necesaria para regar los meses del año que no llueve, asegurando el buen desarrollo de los cultivos.

 

Para superficies de 50 hectáreas de cultivos, se requiere de un pozo que  rinda 120 litros de agua por hora. El diseño de la perforación es una  etapa importante del estudio previo a la instalación de un pozo para  riego y es el resultado de un estudio completo de captación de agua  subterránea. 

 

En la etapa inicial del diseño se  determinan: las longitudes, los diámetros, filtros, abertura de ranura,  ubicación, tipo de material a emplear, entre otros aspectos. La  perforación del pozo debe incluir el encamisado, que corresponde a una  armazón artificial compuesta por camisa, filtro y grava. El encamisado  cumple la función de contrarrestar la desestabilización de los terrenos y permitir el ingreso de agua al pozo libre de partículas.

 

Otra función relevante del encamisado es reducir las posibilidades de  contaminación de las napas profundas por el movimiento del agua en las  primeras napas, las cuales por lo general contienen residuos de  pesticidas y fertilizantes.

 

Los pozos encamisados y con  filtros son la forma correcta de construir un pozo de riego, una buena  construcción evita riesgos de derrumbes, desgastes prematuros de las  bombas y de los equipos regadores. Además de lo anterior se evita la  posibilidad de la contaminación de la fuente de agua y la posterior  inhabilitación del pozo.

 

Aprovechar el agua subterránea 

 

Si el pozo a construir es excavado o por sondeo, en ambos casos se puede  aprovechar el agua para regar los cultivos de dos maneras. 

 

  1. La primera manera es directamente del pozo a las tuberías de riego del  cultivo, siempre y cuando el caudal del pozo sea superior al caudal  necesario para el riego.

 

  1. Aprovechar las aguas subterráneas extrayéndose desde el pozo para almacenarlas en algún contenedor o depósito. 

 

La segunda alternativa es la adecuada cuando el caudal del pozo es menor  al requerimiento de agua para el riego. Desde el punto de almacenamiento se distribuye el agua al predio de acuerdo a la cantidad que se  necesite, asegurando así que el pozo no se quede seco por una  sobreexplotación.

 

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